Dicen que "Darse cuenta es el primer paso", en mi caso me vengo dando cuenta de este problema desde hace mucho, pero lamentablemente no puedo salir de ese primer paso y hasta creo que estoy cada día retrocediendo un poco más.
 
Hasta los treinta años siempre fui una persona flaca, en algunos momentos complicados quizás bastante, pero cuando pase los treinta empecé a engordar poco a poco y a entrar a mantener el peso en alza. Luego de cumplir los treinta y cinco lo que también cambie es que bajar los kilos de más me cuesta mucho más que antes, en algunos casos puedo estar mucho tiempo en el mismo peso sin bajar absolutamente nada aunque hiciera dieta. 
 
Pero como dice la canción "todo puede estar peor", hoy estoy viviendo una situación complicada anímicamente y parece que la forma que tengo de somatizar es comiendo. No suelo ir al medico (se que esta mal) pero como me conozco mi auto diagnóstico es: Ansiedad junto con un poco de depresión. Las formas que tengo de "combatir" los síntomas que esto me genera, lamentablemente es comiendo. 
 
Mi dieta del mal suele rondar entre: 
Alfajores, galletitas, tortas, bombones, helados, milanesas en dos panes, chivitos, pizza, pan con manteca y dulce de membrillo, dulce de leche a cucharadas, café con leche, leche sola entera, bizcochos y fideos con hamburguesa y muchas más cosas. 
 
Desayuno todos los días en mi trabajo, agua sola o té con bizcochos o una media luna, antes del mediodía cuando me viene ansiedad siempre tengo algo escondido para comer en mis cajones. Cuando voy a comer al mediodía suelo comprarme un helado que como antes de la comida, muchas veces además me compro una crema o arroz con leche para comer luego de la comida (doble postre). Además me compro bombones o turrones para la tarde.
 
Cuando llego a mi casa lejos estoy de parar, sigo comiendo y muchas veces la comida que me hago para el día siguiente me la como en el momento. Antes de dormirme la ansiedad me gana y necesito comer algo antes de dormirme, me es muy difícil no hacerlo. 
 
Me cuesta mucho parar, no puedo controlarlo, luego que lo hago me siento muy mal, me dan ganas de putearme, pero es más fuerte que yo, claramente estoy perdiendo la batalla. Tengo claro que esto me puede traer problemas en el futuro (no tan lejano) pero sigo haciéndolo. 
 
En varias oportunidades dije basta y planifique formas de salir, correr en las mañanas, dejar de comer cosas dulces, comer en menos cantidades, pero en algunos casos no pasó ni un día que ya pierdo ante la necesidad que mi cerebro me genera.
 
Hoy me di cuenta de que ya tengo seis camisas que no puedo usar porque la panza me creció y no las puedo abrochar, eso me genera vergüenza pero esa sensación no me ayuda a tomar la fuerza de voluntad que necesito para lograr volver a ponerme esas camisas. Algo peor todavía es la sensación que tengo de que la solución tiene que venir de afuera, alguien que me venga ayudar, me saque a correr, me haga comer menos, cuando en realidad esa persona soy yo mismo. 
 
Darse cuenta puede ser el primer paso, pero como cuesta dar el segundo. 
 
Escribo estas líneas porque justamente de alguna manera tengo que lograr cambiar y quizás esta pueda ser una. Voy a comprarme una balanza y a intentar todos los días renovar fuerzas para que cada vez que esté por perderlas y volver a comer de más, lea esto que me da vergüenza y quizás esa vergüenza me de la fuerza que me hace falta.
 
Veremos que dice el futuro.